El trueque del siglo XXI (CCP 2011-CE)

EL TRUEQUE DEL SIGLO XXI

Necesita aprender inglés, pero ¿la reducción de sueldo no le permite pagar clases? No es un impedimento si es buen cocinero o posee otra habilidad que ofrecer. ¿Quiere ampliar los servicios de su empresa, pero carece de liquidez para contratarlos? Es irrelevante si tiene una profesión, producto o servicio que intercambiar. La necesidad agudiza el ingenio; restauradores, empresarios y quienes enseñan a conseguir la paz interior, todos pregonan al unísono: es necesario volver a lo básico. Retornar a lo que somos, a lo que conocemos, a lo que naturalmente hacemos bien.

En tiempos de crisis no hay tiempo ni recursos para devaneos. Hay que ir al grano, maximizar esfuerzos y confiar. Es necesario volver a sistemas y pilares básicos, muchas veces eclipsados por otros aparentemente más atractivos. Tal y como explica el psicólogo Miguel Casas, del Instituto de Psicología de Barcelona, “el ser humano utiliza el mecanismo de cambio de valores y creencias para adaptarse al estrés y para aprender a vivir nuevas situaciones difíciles. En momentos como éste, el cambio es forzado”. Apuesta por desacelerar el ritmo y recuperar los valores no materiales, aquellos que en épocas más boyantes dábamos por supuestos. “Se tiende a disfrutar más de las pequeñas cosas; de la salud, la familia, la amistad, el apoyo o la necesidad de confianza”.

Cuando la empresa de mantenimiento técnico Robotronix Tecnología SLU se dio cuenta de que sus clientes necesitaban servicios que ellos no podían ofrecer por falta de medios tenía dos opciones: cerrar o crecer. La imposibilidad de expansión, por falta de liquidez y de concesión de créditos de los bancos, les obligó a recuperar uno de los sistemas más antiguos: el trueque. Dieron con otra empresa especializada en creación, diseño y alojamiento de webs y les ofrecieron, a cambio de sus servicios, mantenimiento informático. El beneficio fue mutuo: una aumentó su abanico de servicios; la otra consiguió un distribuidor y colaborador, además de obtener el soporte técnico que precisaba. Y todo de manera gratuita.

La escasez ha desenterrado sistemas de intercambio de épocas pasadas. Cartuchos de tinta a cambio de logotipos, traducciones por páginas Web, atención psicológica a cambio de alquiler. Cualquier fórmula es viable siempre que el intercambio se valore de manera equiparable y la confianza entre las partes sea total.

Intercambio de servicios y ocio, bancos de tiempo, iniciativas comunitarias o cooperativas son algunas de las iniciativas que proliferan entre empresas, vecinos, grupos de amigos y portales de Red para, sin desembolsar un euro, mantener la calma y, en muchos casos, el trabajo.  Según datos de la plataforma de trueque empresarial a través de Internet Acambiode.com, en 2009, el número de intercambios mediante ese portal ha sido 1.831.000, un 64% más que el año anterior. La inestabilidad económica y, en especial, la falta de liquidez aumentan el interés por este sistema, apunta Jaime Martínez, director general de la plataforma, que cuenta con 233.700 empresas registradas.

En un día a día en el que se gasta menos no se tiene por qué renunciar al crecimiento personal y laboral, el ocio o la cultura. Sólo se han de encontrar nuevas formas de hacerlo. Muchas apuntan a la generosidad. Los miembros de Bookcrossing (intercambio de libros) ponen a disposición sus ejemplares con el deseo de que otros los lean y la confianza de que volverán a sus dueños.

El dinero no es lo único que abre las puertas para obtener lo que necesitamos. Así lo aseguran los creadores del portal Truequi.com, cuyos usuarios intercambian todo tipo de objetos. La plataforma ha pasado de 50 a 1.300 accesos diarios en el último año. […] Los bancos de tiempo también ofrecen oportunidades: intercambiar dedicación y disponibilidad entre desconocidos obteniendo, en vez de euros, otras habilidades, o la disponibilidad del tiempo y los servicios de otros. El sistema refuerza las virtudes de cada persona.

En el terreno personal se redescubren hábitos de antaño. Aprovechar, cultivar o compartir más que nunca, desde la cesta de la compra hasta cualquier actividad cotidiana. El bolsillo no está para cambios de lavadora, coche o pares de zapatos: se compra menos y se repara más. Se impone el reciclaje, el aprovechamiento y la esencia de las cosas. Así lo anuncia, entre otros, Michael Pollan, experto en alimentación. En su libro In defense of food critica cómo el exceso de Occidente ha afectado a la manera de alimentarnos; de la comida real a “sustancias comestibles” y productos científicos. Defiende volver a la comida de verdad: más potaje y menos precocinados; alimentos más consistentes y económicos, con menos aditivos. También desaprueba cómo comemos: deprisa, trabajando o en el coche; hábitos nocivos para nuestra salud física y mental. Pollan propone comer en la mesa con tiempo, como hacían nuestros padres y abuelos.

En ese camino de retorno a la esencia, habitantes de ciudades como Madrid, Barcelona o Londres se han lanzado a cultivar huertos urbanos en terrazas, pequeños parterres, patios o comunidades de vecinos, hartos de pagar sobreprecios por productos de mala calidad. Cualquier espacio al que lleguen unos rayos de sol y agua es válido para plantar lechugas, tomates o cebollas con menos químicos y un mayor interés nutritivo…. Tras un período de prisas, excesos y recursos inagotables parece que no queda otra alternativa: es necesario volver a lo básico, relajarse y disfrutar.

Mercedes de la ROSA, EL PAÍS SEMANAL, 21 DE FEBRERO DE 2010